Hernán Hochschild: “La ciudadanía ha entendido la moderación y los acuerdos como algo contrario a la urgencia”
El director ejecutivo de Tenemos que Hablar de Chile y presidente de la junta directiva de Más para Chile, Hernán Hochschild, conversó con Nicolás Vergara, Mónica Pérez y Matías del Río en el programa Hablemos en Off de Radio Duna 89.7. La conversación giró en torno al estado de ánimo de la conversación pública chilena, el rol de las redes sociales y los bots en la política, y el trabajo que Tenemos que Hablar de Chile y Más para Chile vienen desarrollando para tender puentes entre mundos políticos cada vez más distantes.
El programa se realizó el día viernes 28 de agosto.
Hochshild es Ingeniero Civil Industrial y egresado de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile; magíster en Filosofía de las Ciencias Sociales de la London School of Economics, Reino Unido, y Doctor (c) en Ciencias de la Computación.
Fue Director Ejecutivo de Elige Educar y profesor de educación secundaria. Actualmente, es Director Ejecutivo de Tenemos que Hablar de Chile, plataforma de participación ciudadana impulsada por las universidades Católica y de Chile, presidente de la junta dorectiva de Más para Chile, escuela de liderazgo democrático, y también es director y cofundador de Kyklos, empresa B que implementa programas de educación ambiental en colegios.
—¿De qué está hablando Chile hoy?
—Lamentablemente, estamos en un cierto momento de estancamiento de la conversación. En los últimos tres años, la narrativa que uno va descubriendo en la conversación social se ha vuelto un poco repetitiva; no hemos sido capaces de pasar de etapa. Lo que más la está marcando es un cierto nivel de desánimo —algunos le llaman una suerte de depresión país o cansancio, tema que ha estado levantando Roberto Méndez. En nuestros últimos informes nosotros le llamamos justamente así: el desánimo. Y aun así, cuando uno profundiza, todavía aparecen ciertos brotes o luces: la idea de que Chile conserva potencial, aunque ese potencial no termina de emerger.
—¿De dónde extraen esas conclusiones?
—Tenemos que Hablar de Chile nace el año 2020, después del estallido social. Cuando ocurre el estallido, hay mucha conversación en redes sociales, y el mundo de las noticias tiende a alimentarse de lo que se habla ahí. Pero en las redes sociales interactúa solamente el 10% de quienes las usan: el 1% genera el contenido, el 9% interactúa con ese contenido y el 90% observa en silencio. Y lo que más influye ahí es la emocionalidad, que termina traduciéndose en decisiones reales: muchos proyectos de ley y agendas de gobierno están marcados por algo generado por muy pocos, amplificado por las redes, que produce urgencia y termina provocando cambios en políticas públicas.
—Esta semana vimos justamente esa distancia entre redes y encuestas, a propósito de la columna de los alcaldes Jaime Bellolio (UDI) y Andrés Vodanovic (FA).
—Exacto. En redes sociales ellos recibieron sobre todo ataques, pero salió una encuesta y el 80% estaba a favor de lo que planteaban; en la encuesta Black and White que se conoció después, ambos aparecen como los mejor evaluados. Las redes sociales se mueven mucho por emociones, y hay dos que producen activismo político muy fuerte: el odio, muy presente, y el miedo. Entre esas dos emociones hemos tenido un activismo intenso, muchas veces protagonizado por personas ni siquiera vinculadas a partidos —activistas solitarios cuyo contenido a veces se amplifica con bots y otras veces simplemente con la fuerza de las pasiones que produce—. Ese es el contenido que más termina marcando la conversación política.
“El influencer de política es el que más termina impactando, los bots es una tecnología media vieja”
—¿Qué rol juegan los bots y los llamados estrategas digitales en esa dinámica? Esta semana fue noticia el caso de Fernando Serimedo, el estratega detenido en Bolivia por intento de homicidio contra su expareja, en cuya casa se encontró una granja de bots vinculada a campañas del Partido Republicano y del Rechazo en Chile.
—Ahí hay que hacer una salvedad: se refería a la campaña del primer plebiscito de entrada, en la que el Rechazo pierde 80 a 20, es decir, con muy poca efectividad. Las granjas de bots existen —basta entrar a plataformas como Botometer para ver cuántas hay, en México por ejemplo—, pero creo que más peligrosos que los bots, que son simples amplificadores, son los activistas duros: son ellos, los influenciadores de política, quienes más terminan impactando la conversación. Los bots son casi tecnología antigua; lo que hoy define el debate son narradores —muchas veces ni siquiera asociados a partidos— que operan en YouTube, en videos largos, en TikTok, y que se mueven por esas mismas emociones fuertes: miedo al migrante, miedo a la delincuencia, odio a la contraparte. Le tengo más temor a eso que a los amplificadores: los pseudogurús que supuestamente pueden dar vuelta una elección no existen; lo que existe es la calidad —y también la cantidad— del contenido que producen esos activistas.
—Con este diagnóstico, ¿cree que Chile puede estar ad portas de un nuevo estallido?
—Todavía no, pero creo que se está instalando algo peor: una grieta. Las grietas son de más largo plazo; el estallido, en cambio, estalla y después, incluso, hemos visto un efecto casi contrario. Yo creo que estamos instalando una grieta fuerte entre distintos mundos políticos, entre quienes están más a la izquierda y más a la derecha, y que el activismo más extremo —desde el miedo o desde el odio— es el que empieza a bloquear el funcionamiento de la democracia y le hace difícil al país encontrarse y avanzar.
“Estamos instalando una grieta fuerte entre distintos mundos políticos, entre quienes están más a la izquierda y más a la derecha, y que el activismo más extremo —desde el miedo o desde el odio— es el que empieza a bloquear el funcionamiento de la democracia y le hace difícil al país encontrarse y avanzar.”
—Frente a ese escenario, ¿qué están haciendo desde Tenemos que Hablar de Chile y Más para Chile?
—Creemos que hay que construir plataformas paralelas para que la democracia pueda producir resultados. Desde la Universidad de Chile y la Universidad Católica, con Tenemos que Hablar de Chile y con este nuevo programa que se llama Más para Chile, hemos estado en eso. El año pasado hicimos una beca en la que formamos a 100 posibles candidatos al Congreso, de izquierda y de derecha, de manera presencial, reuniéndolos durante fines de semana para que se vieran cara a cara, trabajaran juntos y discutieran. El cara a cara cambia mucho la política: pone en valor las diferencias, que es justamente lo que uno busca en democracia, y ayuda a reducir el choque. El año pasado también cerramos un proceso con 10.000 personas en el que diseñamos una ruta común, a partir de una pregunta muy concreta: ¿qué podemos lograr juntos para tener un mejor país? Ese documento ya se lo hicimos llegar a los políticos y lo podemos volver a compartir: son cosas super sencillas que, cuando uno las mira, no cuestan tanto.
—¿Cómo interpreta usted que hoy se critique a alcaldes moderados, como Bellolio y Vodanovic, por buscar acuerdos?
—El gran punto en cuestión es que la ciudadanía ha ido entendiendo la moderación y los acuerdos como algo contrario a la urgencia. En Tenemos que Hablar de Chile hacemos trabajo cualitativo y buscamos el significado real de las palabras: por ejemplo, cuando toda la gente hablaba de “cambio”, descubrimos que en el fondo cambio significaba estabilidad —cambio para que la vida no cambie tanto. Algo parecido pasa ahora: cuando se ataca a alcaldes por moderados, la sensación ciudadana es que la moderación es lentitud, que es no respuesta. Y eso es una tensión real que enfrenta la democracia, vinculada al sentido de urgencia. Le pasó también al Presidente Boric cuando firmó el acuerdo de paz y entendimiento, y lo atacaron por todos lados; en el mediano plazo, sin embargo, quienes terminan surgiendo son los que logran sostener una promoción positiva de la democracia.
“Cuando se ataca a los alcaldes por moderados, la sensación ciudadana es que la moderación es lentitud, que es no respuesta. Y eso es una tensión real que enfrenta la democracia, vinculada al sentido de urgencia”
—Para cerrar, ¿es usted optimista respecto del futuro de Chile?
—Sí, sigo siendo optimista. Vivimos un proceso de aprendizaje social muy único: no hay otro país que haya pasado dos años conversando en un proceso constituyente, en medio de una pandemia, y que además haya recibido a miles de migrantes que nos han explicado que hay cosas de nuestra institucionalidad que dábamos por obvias y que en realidad son un activo valioso. Todo eso produjo aprendizaje. El desafío ahora es que liderazgos como los que vimos esta semana —los alcaldes que mencionamos, y muchos otros que están ahí— logren conducir una etapa en la que el país construya, efectivamente, esa ruta común.
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