Pablo Matamoros a futuros candidatos: «Hagan una campaña que les permita gobernar después»

En su clase para Más para Chile, Pablo Matamoros, fundador de Parlamento AI y director de Rizoma, consultora de inteligencia comunicacional con IA aplicada, habló de cómo construir una identidad política confiable en una democracia marcada por los algoritmos, la polarización y la inteligencia artificial.

Pablo Matamoros, expositor de Más para Chile

¿Cómo se construye una identidad política reconocible y confiable cuando el algoritmo decide qué se ve, los datos ya no convencen y la inteligencia artificial puede fabricar cualquier cosa? Esa pregunta guio la clase «Hacerse oír sin gritar», que Pablo Matamoros Meneses, fundador de Parlamento AI y director de Rizoma, consultora de inteligencia comunicacional con IA aplicada e investigador del CDOP de la Universidad Central, dictó a las y los becarios de Más para Chile.

Matamoros conoce el tema desde varios lados. Trabajó en la estrategia digital de campañas y de gobiernos; hoy investiga campañas con datos y desarrolla herramientas de IA para el análisis político. Abrió con una advertencia: «No soy neutral y no lo voy a fingir». Explicó que, cuando nadie confía en nadie, decir desde dónde se habla es lo único que todavía da credibilidad.

Lo escaso ya no es el acceso, es la atención

Hace veinte años, para llegar al público, había que pasar por el editor, el periodista o el diario regional. Hoy cualquiera le habla a su electorado desde el teléfono. Para Matamoros, ese cambio es una ganancia real, pero trae un costo: el sistema no premia lo verdadero ni lo importante, sino lo que retiene la atención. Y en lugar de las instituciones intermedias quedó un nuevo intermediario que nadie eligió, el algoritmo, que separa al electorado en burbujas donde cada grupo ve un país distinto.

Ese ecosistema alimenta lo que llamó «brutalismo comunicacional»: la velocidad borra el contexto, la incoherencia deja de costar y atacar rinde más que proponer. «No por maldad de los actores: la arquitectura de distribución lo paga mejor», explicó.

Pablo Matamoros dicta la clase "Hacerse oír sin gritar" a becarios de Más para Chile

Lo que dicen los datos sobre el ataque

Matamoros presentó resultados de Detrás del ataque (2026), un estudio en el que codificó, junto a su equipo, 898 episodios de comunicación negativa en los seis debates presidenciales de 2025: 622 en los cuatro de primera vuelta y 276 en los dos del balotaje, donde la negatividad por debate aumentó.

Los hallazgos van en contra de la intuición. El ataque más frecuente no es el frontal, sino la comparación y la alusión implícita, es decir, «el ataque que nadie firma». La mayor intensidad ofensiva no se tradujo mecánicamente en votos. Y la apelación al miedo no depende de una ideología, sino de una posición: se concentró en candidaturas antisistema de polos opuestos.

De ahí una distinción central de la clase: al adversario se le gana o se le pierde dentro de reglas comunes, pero al enemigo se le derrota. «El adversario de campaña es con quien después habrá que gobernar», recordó.

Primero la experiencia, después la cifra

Sobre la desinformación, Matamoros advirtió que lo más común no es la mentira burda, sino la pérdida de contexto: el dato real tergiversado o el video cortado. A eso se suma un fenómeno nuevo: desconfiar incluso de lo verdadero. Frente al desprecio por los datos, propuso partir por cómo vive el vecino el problema y llevar la cifra después, anclada en esa experiencia. «El error no fue tener el dato malo. Fue presentarlo desde un lugar donde nadie vive».

Los becados de Más para Chile escuchando la clase del fundador de Parlamento AI y director de Rizoma, Pablo Matamoros

Una frase que solo tú puedes firmar

En la segunda parte, la clase pasó al método. Lo primero es reconocer qué tipo de candidato se es, porque el incumbente, el conocido que repite y el nuevo enfrentan preguntas distintas. Lo segundo es definir un sello: algo que nadie más en esa elección pueda decir con verdad, respaldado por una trayectoria y una voz propias. «En una cancha de ataques anónimos, dar la cara es contracultural. Por eso diferencia».

También insistió en que un video no es una campaña. Una campaña es una cadena que va del objetivo a la audiencia, el mensaje, el canal y una métrica real (inscritos, no likes), y si un eslabón se rompe, la campaña queda indefendible.

Sobre la inteligencia artificial, la presentó como un equipo de campaña al alcance de cualquiera: sirve para conocer el territorio, resumir reuniones, producir variantes de un mensaje e incluso hacer que «ataque» el propio mensaje como lo haría el adversario. Pero también trazó límites claros: no delegar el juicio, no fabricar deepfakes del adversario, no exponer los datos personales de los vecinos y no sonar igual a todos.

2028: ¿Babel o Jerusalén?

Para cerrar, retomó la disyuntiva con que comienza la encíclica Magnifica humanitas de León XIV y planteó cuatro escenarios posibles para 2028, según cuánta polarización haya y si la IA tiene reglas.

Su diagnóstico es que el punto de partida se parece más a Babel que a Jerusalén, pero el resultado no está escrito: en una elección compiten miles de candidaturas en todo el país, y cada una decidirá si usa la tecnología para escuchar o para fabricar.

«Van a competir en el peor momento para comunicar, y en el mejor para hacerlo distinto», dijo a las y los becarios. «Hagan una campaña que les permita gobernar después. Su ventaja es lo que la máquina no tiene: estar ahí, dar la cara y responder por lo que dicen».


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